La unión hace la fuerza: las cooperativas marcan la diferencia

Una productora de Colombia hace rodar un grano de café en la palma de su mano. La rodean escarpadas laderas volcánicas cubiertas de árboles de café. Desde el momento en que el grano de café deja de estar en su posesión hasta que se usa para preparar tu taza de café matinal, puede cambiar de manos 150 veces.

El productor de café vive en un mundo en que lo único más incierto que los cambios climáticos es la variación del precio del café, que una vez más es demasiado bajo como para que muchos productores consigan llegar a fin de mes. Al enfrentar estas fuerzas mundiales que están fuera de su control, los productores de café pueden sentirse tan impotentes e insignificantes como un grano de café en un mercado mundial de 20.000 millones de libras (9,1 millones de toneladas) de café.

Muchos pequeños productores de productos básicos como bananas, cacao y café han trabajado para combatir estas dificultades a través de la unificación y la organización, adoptando la estructura de cooperativas. Durante décadas, los productores de café minifundistas (los que cultivan unas pocas hectáreas de tierra) han aprovechado la fuerza de las cooperativas para posicionarse en el mercado, y para acceder a redes de conocimiento, capacitación y financiamiento.

En un entorno rural, las cooperativas vinculan las necesidades económicas, culturales y sociales de los productores. Cada socio es propietario de la cooperativa, que se controla de forma democrática. La igualdad, la democracia, la equidad y la solidaridad unen a los productores para competir en un mercado mundial.

Todos los años, las Naciones Unidas reconocen el poder de las cooperativas en el Día Internacional de las Cooperativas. En 2016, el tema se centraba en “el poder de actuar para un futuro sostenible”, que era un tema adecuado para los numerosos pequeños productores que participan en el Comercio Justo, que trabajan unidos —junto con las empresas y los consumidores— para construir un mañana más prometedor y sustentable.

Las cooperativas y el Comercio Justo

Las cooperativas han desempeñado un papel fundamental desde los comienzos del movimiento del Comercio Justo y de Fair Trade USA. Paul Rice, nuestro presidente y director ejecutivo, ayudó a productores de café de Nicaragua a organizarse en los años noventa antes de la apertura de la sede de la organización (que en ese entonces era una oficina de un solo ambiente en Oakland, California). Cuatro años después, la cooperativa había alcanzado a miles de productores. Se beneficiaron al compartir la asistencia técnica, llevar sus productos al mercado al mismo tiempo, y aprovechar su poder de compra y venta colectivo para mejorar las vidas de todos. Era el lugar perfecto para que el Comercio Justo echara raíces.

Actualmente, las cooperativas producen el 97 % del café que lleva la certificación de Comercio Justo. Fair Trade USA también trabaja con establecimientos que tienen muchos otros tipos de estructuras, incluidos los pequeños productores y trabajadores agrícolas independientes, además de los trabajadores de fábricas y grupos de pescadores en pequeña escala. Claro que la capacidad de ir extendiendo los beneficios del Comercio Justo con el tiempo a una gama más amplia de trabajadores no habría sido posible sin la base que construyeron las cooperativas de Comecio Justo al principio, y aquellas que continúan promoviendo el Comercio Justo en la actualidad.

Cooperativas de Comercio Justo en acción

Todos los tipos de establecimientos se benefician del Comercio Justo gracias a los estándares, el Fondo de Desarrollo Comunitario, las relaciones más directas con los compradores, y el enfoque singular de los procesos democráticos y el empoderamiento del Comercio Justo. En las cooperativas, el modelo de Comercio Justo sirve para ayudar a la organización de productores a ser aún más eficiente, adquirir más conocimientos y experiencia sobre los negocios, y ser más responsable y productiva. En algunos casos, los ingresos adicionales del Comercio Justo se utilizan para complementar proyectos que ya están en marcha o en las fases de planificación, para ayudar a la organización a alcanzar el máximo impacto posible.

Veamos, por ejemplo, a FEDECOCAGUA, una cooperativa productora de café de Comercio Justo en Guatemala. Utilizaron sus Fondos de Desarrollo Comunitario para luchar contra los devastadores efectos de la roya del café, un hongo que continúa destruyendo plantaciones en toda América Latina. Una parte del fondo de la cooperativa se usó para comprar pulverizadores motorizados destinados a combatir la roya del café y para conformar su programa de brigada antirroya . Gracias a este trabajo, más de 20.000 productores han recibido capacitaciones y recursos importantes para ayudar a sus establecimientos a mantenerse a flote ante la devastación.  

Otras cooperativas han financiado programas educativos con sus Fondos de Desarrollo Comunitario. La cooperativa productora de cacao CONACADO de la República Dominicana usó su fondo para construir una escuela nueva, financiar arreglos en escuelas de cinco regiones, y financiar becas y materiales escolares para estudiantes de bajos ingresos.

Otro ejemplo es GRAPOS, una de nuestas cooperativas asociadas en Chiapas. En 2013, cuando los precios del café cayeron por debajo del mínimo, la cantidad de socios de GRAPOS aumentó en un 24 %, porque más productores procuraban tener acceso a los beneficios de la cooperativa y del Comercio Justo. El Comercio Justo fija un precio mínimo para el café a fin de proteger a los productores frente a las caídas de los precios del mercado. Digamos que es una red de seguridad. En mayo de 2016, el precio internacional del café cayó a menos de 1,20 dólares por libra (0,45 kg), pero los productores de los establecimientos de Comercio Justo recibieron al menos 1,40 dólares por libra, más unos 20 centavos adicionales por libra como parte del Fondo de Desarrollo Comunitario (además de otros 30 centavos si el café era orgánico). 

Avanzando juntos

De acuerdo con el Banco Mundial, casi el 80 % de los pobres del mundo son productores agrícolas. La realidad es que muchas de las personas que producen nuestros alimentos pasan hambre, y que cada año las crecientes presiones económicas y ambientales empujan a los productores a emigrar desde sus campos hacia la ciudad. Pero cuando los productores se unen para enfrentar los desafíos de la producción agrícola en el siglo XXI, la agricultura puede ser una vía de acceso a la educación, una vida saludable, sustentabilidad ambiental y prosperidad.

Una productora de café en Colombia puede hacer rodar un único grano en su mano, pero cuando lo agrega a una pila de granos, cultivados y cosechados por las manos de sus vecinos, se une a un movimiento que está cambiando las vidas de productores agrícolas en todo el mundo.

Esperamos que nos acompañes en la celebración del poder de las cooperativas tomándote el tiempo de obtener más información sobre las cooperativas que trabajan con nosotros, y buscando el sello de la certificación de Comercio Justo la próxima vez que compres un paquete de café, para apoyar a los numerosos productores y trabajadores esforzados que hacen que nuestros productos favoritos sean posibles.