De ida y vuelta: El trayecto de nuestro café colombiano

Sigue los empinados y curvados caminos del café colombiano de Fair Trade a través de la Sierra Nevada.

“Bueno, no me esperaba esto”, pensé en mis adentros mientras miraba los dóciles ojos de la mula a la que me estaba a punto de subir para recorrer un sendero de curvas y barro a través de verdes valles de montañas hacia la plantación de Yiribeth. No era la primera vez que me subía a un animal, ya que cuando era niño andaba mucho a caballo y asistía a las ferias del condado, pero esta sería mi vivencia más mágica, sobre todo al pensar en el viaje que ya había hecho para llegar al pequeño pueblo. No obstante, el relato comienza 24 horas antes.

A las seís de la mañana del día anterior, desperté en Santa Marta, Colombia, con ruidos de motocicletas y coloridos autobuses que comenzaban su rutina normal (y ruidosa) fuera del lugar donde dormí. El día de hoy iba a comenzar mi visita de tres días a Asoprosierra, una cooperativa de café que se encuentra en la Sierra Nevada. Después de comer un tazón de frutas y de lavarme con agua fría del lavabo, ya estaba despierto y listo para recibir la llamada que esperaba a las siete… pero no la recibí hasta las nueve. Lo primero que había aprendido en cuanto a trabajar en países latinos es que los horarios son relativos. Atendí la llamada de Eduardo y me apresuré para encontrarme con él en una parada de autobuses en las afueras del pueblo. Fue en esa parada que comenzó mi trayecto de siete horas.

Para llegar a la plantación de Yiribeth a 2.400 metros (8.000 pies) de elevación, tuve que utilizar tres medios de transporte a lo largo de 100 kilómetros (62 millas). Mi visita tenía el fin de ver una plantación de Fair Trade en acción. Desde un colorido autobús, una bicicleta llena de barro, retrasos por la lluvia, hasta una mula de patas firmes, el trayecto fue toda una aventura. Finalmente, al dar un trago al aguapanela con Yiribeth (“Yiri”, como la llama su padre) y su familia la noche siguiente, me puse a pensar que cada grano de café de su plantación tiene que hacer el mismo recorrido.

La Sierra Nevada de Colombia es una cordillera de montañas que empieza en la costa del Caribe y se eleva desde el nivel del mar hasta cerca de 5.800 metros (19.000 pies) en solo unos 38 kilómetros (24 millas). Debido a que el café se da mejor entre los 792 y los 3.000 metros (2.600 y 10.000 pies), las plantaciones tienen que estar al menos a la mitad de las laderas de las montañas. Eso garantiza que haya temperaturas frescas y agua suficiente a medida que las nubes chocan con las montañas y exprimen la lluvia como de una esponja.

Muchas veces, nos olvidamos del trayecto que los alimentos que comemos tienen que recorrer y de las manos que los tienen que cultivar a fin de que puedan llegar a nuestros platos y tazas. Yiri me habló con ternura mientras me señalaba sus propios árboles de café y docenas de otras plantas autóctonas. Aprendí con interés a reconocer el color rojo y amarillo que indica que los granos están listos para cosecharse y supe de la atención que necesitan al secarlos.

Muchas veces, nos olvidamos del trayecto que los alimentos que comemos tienen que recorrer y de las manos que los tienen que cultivar a fin de que puedan llegar a nuestros platos y tazas.

Yiri y su familia me explicaron todas las oportunidades con las que ahora cuentan gracias a los Fondos de Desarrollo Comunitario de Fair Trade desde que Asoprosierra obtuvo su certificación de Fair Trade en 2009. Hogares como el de Yiri ahora tienen pisos de mosaico y concreto en lugar de tierra, se ha establecido un fondo para cuando un desastre natural arrase con un plantío y se ofrece capacitación sobre la calidad del café.

El padre de ella me contó de la violencia y opresión por parte de grupos paramilitares hacia los cafetaleros. Hace apenas 10 o 15 años, había toque de queda que impedía que los agricultores salieran de sus hogares después del anochecer por el riesgo de que les dispararan; no se aconsejaba que hubiera festivales ni celebraciones; y los soldadso a menudo se apropiaban de los productos y suministros para su consumo personal. Sin embargo, en los últimos 10 años en Colombia ha habido un cambio pronunciado. A medida que el gobierno nacional se ha esforzado por eliminar la violencia, se han firmado acuerdos de paz. El padre de Yiribeth me habló del efecto que ese cambio ha tenido en su propia comunidad, ya que la música, la felicidad y la tranquilidad han vuelto al pueblo. La gente tiene fiestas de forma abierta, a los agricultores ya no les preocupa que los detengan y finalmente pueden interactuar de manera libre con el mundo exterior.

No obstante, a pesar del progreso que se ha logrado, los agricultores aún enfrentan adversidad e incertidumbre. Los precios del café llegan a fluctuar de forma drástica en el transcurso de un día y los cambios climáticos ocasionan que las cosechas sean más reducidas. Todavía hay trabajo por hacer. De nosotros depende que haya un suministro equitativo y sostenible de las marcas que consumimos. Con cada dólar que gastas, apoyas a agricultores como Yiri.

 

Andrew Gonzáles es especialista en cadenas de suministro y visitó Colombia en noviembre de 2017. Además de dar apoyo a plantaciones locales, hizo el viaje con el fin de tener una mejor idea del impacto que tienen los Fondos de Desarrollo Comunitario de Fair Trade. Durante su visita a distintas comunidades agrícolas, le cautivó particularmente el impacto que tienen en los pequeños agricultores y sus comunidades.