Es hora de que el mundo empiece a preocuparse por los cocos

La moda del coco no está beneficiando necesariamente a los productores, y, en muchos casos, los está sumiendo más en la pobreza. Las siguientes son dos maneras en las que puedes ayudar.

Bienvenido a la era del coco, uno de los superalimentos más populares del mundo. Ya sea que te consideres un amante del coco o no, es probable que lo uses de alguna manera todos los días. El coco se encuentra en todas partes, en comidas, en productos de cuidado del cuerpo, en la lavandería y en el botiquín. Desde que el agua de coco cobró popularidad hace poco más de una década, la versatilidad del aceite, del agua, de la pulpa, del azúcar de la palma y la harina nos sigue sorprendiendo. 

Según las proyecciones, el agua de coco sola generará 4000 millones de dólares en ingresos entre 2015 y 2019. Según se informa, la demanda de coco está aumentando a un ritmo de más del 10 por ciento cada año. Así que el coco está en auge, pero, ¿de dónde vienen tantos cocos? Y una pregunta aún más importante: ¿pueden los productores seguirle el ritmo a la moda?

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El 70 % de la producción mundial de coco se puede rastrear hasta pequeños cultivos familiares de 3 países: Indonesia, las Filipinas y la India. A pesar del crecimiento del mercado, el productor de coco promedio de las Filipinas vive por debajo de la línea de la pobreza con un ingreso de menos de un dólar al día (fuente). Al no tener ingreso para reinvertir en su producto, los productores quedan sin defensas antes los tifones, las plagas, los cocoteros que envejecen y otros factores ambientales que arrasan en un instante con cultivos enteros. A ese ritmo, la demanda supera por mucho a la oferta y, si deseamos mantener viva la industria del coco, de nosotros depende adquirir productos de coco que ayuden, no que hagan daño al sector. 

Las dificultades

1) La demanda supera la oferta

La producción de coco de la región de Asia y el Pacífico solo crece a un ritmo de cerca del 1,3 por ciento al año (lo cual plantea un problema con el aumento del 10 por ciento en la demanda), lo cual se debe en gran medida a la disminución en la productividad a causa de que los cocoteros se avejentan. En promedio, la vida útil de un cocotero es de hasta 100 años, pero el nivel máximo de producción se alcanza entre los 10 y 30 años de edad. A medida que un cocotero envejece, produce menos cocos y los productores tienen que decidir entre arrancarlo y plantar otro, o seguir dependiendo de una producción que va en declive. Un factor importante es que un árbol demora más de cinco años en comenzar a producir cocos, demasiado tiempo para esperar a fin de llevar comida a la mesa.

2) Los productores están sumidos en la pobreza

La Comisión Nacional Contra la Pobreza concluyó que, a pesar del aumento en la demanda de coco, el productor de coco promedio vive por debajo de la línea de pobreza. El ingreso anual promedio de un hogar productor de coco es de unos 355 dólares al año, lo que significa un promedio de menos de un dólar al día. Los productores tienen poco o nada de dinero extra que les permita invertir en recursos para sus establecimientos, lo que da como resultado cosechas cada vez más reducidas e ingresos cada vez menores. Y el ciclo continúa. Bajos ingresos, producción decreciente, pobreza cada vez mayor. La peor parte es que las generaciones más jóvenes están viendo este ciclo de primera mano, y están buscando la salida. Los niños no quieren ser productores de coco cuando crezcan: simplemente no es un empleo viable.

3) El cambio climático está afectando al sector

Cada año, un promedio de 20 tifones azota Filipinas. En 2013, el tifón Yolanda dañó 33 millones de árboles, lo que afectó a más de un millón de productores en todo el país y provocó 369 millones de dólares en pérdidas. Las plagas también representan una amenaza considerable para las cosechas de coco y pueden afectar a los cocoteros prácticamente de un día para otro, el cual es un problema que se intensifica con la irregularidad de los patrones meteorológicos y de las temperaturas más cálidas.

Dos cosas que puedes hacer para ayudar

1) Compra productos de Comercio Justo

El sello de certificación de Comercio Justo en los productos de coco que consumes te garantiza que tu compra ayuda a reabastecer el cada vez más limitado suministro de coco, ofrece protección a las familias de productores contra el turbio lado del negocio del coco, y mantiene a las nuevas generaciones en los cultivos. Desde 2013, los productores y trabajadores del coco de Comercio Justo han percibido ingresos de 2,3 millones de dólares por plantar cocoteros y establecer plantíos, programas de alivio en caso de desastres, diversificación de productos y otros proyectos de desarrollo que las comunidades necesitan desesperadamente por medio de la compra de productos con certificación de Comercio Justo.

Imagina las posibilidades si más de nosotros nos comprometemos a adquirir coco de Comercio Justo. Tú tienes el poder para tener un papel activo en la creación de una industria más sostenible, para ayudar a restaurar el árbol de la vida y asegurar los beneficios que ofrece a las vidas que dependen de él. Todo esto se puede lograr buscando el sello de certificación de Comercio Justo en el embalaje de los productos.

Dos cosas que puedes hacer para ayudar

2) Ayuda a crear conciencia

El hecho de comprender lo que tu dinero apoya te ayuda a fomentar el diálogo a lo largo y ancho de la industria, lo cual sirve para hacer posible que las personas se ganen la vida en más comunidades. El programa del coco de Comercio Justo todavía es pequeño, pero, a medida que se vaya expandiendo en los próximos años, puede desempeñar un papel importante en el hallazgo de una solución mucho más amplia que abarque a todo el sector. 

El video a continuación explica dos importantes facetas de la certificación de Comercio Justo: las normas de Comercio Justo, las cuales existen con el fin de proteger a los productores y la tierra de la que ellos dependen, y el Fondo de Desarrollo Comunitario, que es una cantidad adicional de dinero que reciben los productores cada vez que adquieres un producto derivado del coco con el sello de certificación de Comercio Justo. Los productores deciden democráticamente cuál es la mejor manera de usar este dinero para mejorar sus establecimientos, medios de subsistencia y comunidades. Esto se denomina la Diferencia del Comercio Justo